No estamos seguros V Colofón

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No estamos seguros
(V)

(Colofón)

No se que os habrá contado ese, el de la Vespa. Pero yo no me creería todo lo que dice. No es porque yo diga que mienta, sería su palabra contra la mía. No es eso, no. Solo digo que vayáis con cuidado, que últimamente no parecía muy en sus cabales. ¡Y quién lo está en estos tiempos que corren!

Por fin terminé por “definirme” después del “desgajamiento”. Un término acertado, he de reconocer. Ahora me siento más “entero”. ¡Qué paradoja! Actualmente me dedico a ordenar todos mis recuerdos, es decir, mi vida. Reviso fotos, cartas, documentos, películas etc... y pongo en orden cronológico todas las etapas vividas; antes, cuando casi era “uno”; después, en el “triunvirato” y por fin, en el “desgajamiento”, que me llevó a este estado actual tan pleno; no seré yo quién lo niegue.

¿Que para qué? Pues para escribir mis memorias antes de que se dispersen y se difuminen del todo. Hay que rescatar esos momentos y darles forma de, digamos, documental. Pero un documental biográfico lo más parecido a la realidad. El problema está en esos “espacios en blanco”, esos puntos suspensivos... esos momentos vividos intensamente y que nadie recuerda después de un tiempo, esas palabras oídas de pasada y que fueron un bálsamo milagroso, esos paisajes que embelesaron pero aparentemente no quedaron reflejados en fotos, esos instantes absolutamente plenos y que no están documentados: ¡ahí es donde se encuentra el verdadero meollo de la vida! ¿Cómo rescatarlos? Los directores de documentales biográficos, o se los inventan o se los pasan por el forro. Y así quedan esas biografías, planas, sin jugo vital, falsas. Estoy dando tiempo al tiempo, por ver si se posa todo y rescato lo imprescindible. Lo que “da sentido al todo” (si es que lo tiene, claro). Es importante para mí. ¡Qué queréis que os diga!

Ah, y hablando del tercero en discordia, tengo entendido que vive en una urbanización de lujo, en la costa, retirado, tomando el sol y practicando Tai Chi, junto a jubilados daneses, pederastas buscados por la interpol, turistas ocasionales de temporada y mafiosos rusos intocables de alta alcurnia. Él sabrá. Digo yo que lo sabrá, vamos. Por que si no lo sabe él...

Tendréis noticias mías cuando se publiquen mis memorias. Puede que alguno de vosotros salga en ellas, para bien o para mal. Así que a vivir, que son dos días.


No estamos seguros IV (El Río. El Tren)

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No estamos seguros
IV
(El Río. El Tren)

Ocurrió lo inevitable. Ya no “somos”. Soy. Soy “solo” yo. Uno de los que antes éramos tres, si no recuerdo mal. Aunque a veces no se cuál de ellos. ¡Demasiado tiempo fusionados como para tener claro ahora eso de la “identidad”, o de la individualidad!

Voy en barco. Una pequeña travesía. Tengo un “encargo” al otro lado del río. Estoy blancuzco. Necesito un poco de color. Y también de calor. No es que me sienta desamparado o algo por el estilo. ¡Qué iluso el que pueda pensar algo parecido! En realidad, la palabra que lo expresaría mejor es... desgajado. Me siento desgajado. Soy un gajo solitario. Qué raro suena eso. Pero en fin, así son la cosas. Bueno, no es tan trágico. La vida sigue y estoy cruzando el río.

¿Mi nuevo aspecto? Pues... pelo revuelto, relativamente corto o relativamente largo, según para qué época. Gafas de sol. Jersey fino de cuello alto color burdeos. Pantalones a rallas blancas y negras, tipo Brian Jones, y botines de cuero con algo de tacón y puntas finas. Dispongo de una herramienta especial para cumplir mi cometido: una auténtica Vespa de 1964 con todo tipo de espejos y accesorios.

¿Qué cometido? Demasiadas preguntas en tan poco tiempo. Veamos, debo provocar pequeños accidentes de tráfico, nada serio, solo alterar el rumbo y ritmo de ciertas personas. Lo suficiente para enderezar el destino. Un destino que se había torcido en algún momento de sus vidas.

El problema era que, después de provocar ese pequeño accidente, y empezaran a cumplirse de pronto sus deseos y sentirse un poco más felices, se abandonaban un poco, se “reblandecían”, su voluntad perdía fuelle y corrían el riesgo de convertirse en personas confiadas. Craso error. La sartén hay que cogerla por el mango. No hay descanso. ¿Qué pensaban, que ya eran libres? ¿Qué ya eran felices para siempre? ¡Ingenuos! ¡Melífluos! ¡Inconscientes! ¡Si ellos supieran!

De todas formas, la pasión, el deseo y todas esas cosas, vuelven a presentarse cuando menos se lo esperan y… vuelta a empezar. Se desvían de nuevo, y ya se tienen que apañar por si solos. Para entonces, mi Vespa y yo estaremos lejos, en otro lugar, con otros ingenuos que han perdido el norte por un momento.

Llevo ya un tiempo en estos menesteres y empiezo a notar que me voy desvaneciendo. ¿Cómo explicarlo? Mi cuerpo, mi vestimenta, mis pensamientos, mis costumbres, mis... se van confundiendo con el paisaje. Cada vez soy menos”visible”, más etéreo, menos “consciente”, menos “sustancia”...

Un tren recorre la línea del horizonte de este a oeste. Yo voy desapareciendo en mi Vespa, paralelo al tren, pero en sentido contrario. Apenas siento el viento en mi cara. El paisaje que voy dejando atrás se va borrando según avanzo. Apenas distingo lo que tengo a unos metros delante de mis ojos...

No estamos seguros III (El Triángulo)

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No estamos seguros
III
(El triángulo)

Estamos los tres sentados en distintos bancos del parque. Formamos un triángulo equidistante casi perfecto. Atardece lánguidamente, con pereza. Nos comunicamos telepáticamente, ¡cómo iba a ser si no! Esta vez, nuestro aspecto es bastante normal, si exceptuamos que los tres llevamos zapatos de charol negro, muy brillantes, y sombreros de fieltro de color crema.

La intención es influir con nuestras ondas cerebrales en todo aquél que entre en el radio de acción del triángulo. Ya se sabe que somos tres, pero lo que no se sabe es que prácticamente hemos fusionado nuestras “entidades” y funcionamos como si fuéramos uno. Aunque... últimamente... si nos ponemos a indagar y rascar un poco, alguno de nosotros tiende a dispersarse. No sabemos exactamente cual de los tres, es imposible saberlo hasta que no ocurra el desgaje completo. Mientras, será como si a unos trillizos con una sola cabeza, le doliera la cabeza. ¿A cuál de los tres?

A lo que vamos, mientras divagamos, han “caído” bajo nuestra influencia, un perro negro, encanijado, tres mujeres solitarias y un viejecito renqueante. Pretendemos influir transmitiendo energía positiva, “alegría de ser quien es cada uno”. Sin pasarse, claro, sin euforia. Un ligero cambio, un empujoncito que ayude a subir la cuesta. Puede ser suficiente eso. No vamos a hacer nosotros todo el trabajo. Estaría bueno.

Notamos que no tenemos la misma “fuerza” que antes. La conexión entre los tres hace aguas por alguna esquina. ¿Cuál? El perro negro, nada más entrar en el triángulo imaginario se ha puesto a mover el rabo como una hélice. Luego se ha acercado a uno de nosotros como pidiendo alguna caricia. Ese “uno” no ha mostrado ningún signo de simpatía por el perro. Al final, el perro, después de orinar en unos arbustos, se ha largado con viento fresco, tan campante.

De las tres mujeres solitarias que han ido pasando frente a nosotros, solo una ha dado signos de optimismo. La verdad es que no venía muy cabizbaja, ni demasiado tristona. Creo que el armonioso canto de los pájaros en los árboles ha sido más determinante que nuestras ondas cerebrales bien intencionadas. Las otras dos, han salido como entraron, hieráticas, inmutables, serias hasta la náusea. ¿Estamos perdiendo facultades?

El viejecito renqueante se ha parado un rato en medio del triángulo. Se ha quedado pensativo, como perdido, sin saber hacia donde dirigirse. Una pelota perdida que venía rodando por el suelo y dos chavalillos corriendo detrás de ella, le han sacado de su ensimismamiento. Eso, si, ha sonreído a los chavales y ha seguido su camino como si nada.

Hemos “levantado el campo” y nos hemos ido a tomar un refrigerio en una terraza de la Gran Avenida. Mucha gente para arriba y para abajo. Demasiada gente para cualquier cosa. Aunque es divertido verles tan ajenos a lo que tramamos. Son tan inocentes los pobres; creen que saben lo que hacen. Bueno, no todos, a algunos se les ve turbados. Esos son los que más se acercan a la realidad del asunto. ¿De qué asunto? Nosotros no se lo vamos a aclarar. Solo faltaría eso. En fin, tenemos que investigar por donde flojea el triunvirato. No podemos permitirnos el lujo de fracasar en nuestra misión. Todo el mundo necesita un empujoncito ¡qué caramba!

Dejamos la terraza y empezamos a caminar en fila india; la noche ha caído de lleno sobre la ciudad. Nos ha pillado un poco por sorpresa y aún queda un largo trecho para llegar a casa; esperemos que no empiece a llover ahora. Solo faltaría eso.  

No estamos seguros II (El semáforo)

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No Estamos seguros (Bueno, ya si)

(II)
El semáforo

Definitivamente, somos tres. Aunque esta vez hemos adoptado un aspecto un tanto peculiar. Somos de cristal transparente, ligeramente flexible, para permitir el movimiento, pero de cristal al fin y al cabo.

Vamos desnudos. Solo calzamos una sandalias de cuero para amortizar los pasos y que no se nos quiebren los pies. Además, para rematar, nuestros cabellos son de hierba de un color verde oscuro. Es raro, si, pero tiene que ser así. Inevitablemente.

Caminamos en fila india por la ciudad. No hay mucha gente, es temprano. De vez en cuando “hablamos” entre nosotros. El sonido de nuestras voces es algo así como el del viento saliendo rebotado por las paredes de un laberinto de cristales y espejos. Una vez en el exterior, se apacigua un poco y se expande en extrañas ondas que solo entendemos nosotros. Es lo que hay, lo siento.

En una acera muy amplia vemos a un hombre sentado en un cómodo sillón de orejas. Lee un libro de Samuel Beckett (¿Final de partida?... ¿Malone muere?...) No podemos distinguir el título. Tampoco importa mucho. Tiene a una mujer sentada en sus rodillas, con la cabeza apoyada en su hombro y le rodea el cuello con sus brazos. Parece dormida. El hombre, al vernos pasar desfilando delante de él, le da unas cariñosas palmaditas en el muslo para que despierte y contemple la extraña escena. La mujer hace un gesto con la boca como para decir “ohhhhh”, pero se queda con la boca abierta, en silencio.

Siguiendo nuestro camino nos topamos con un semáforo en rojo para los peatones. Hacemos como que somos peatones y nos colocamos hombro con hombro, esperando la luz verde. Dejamos la fila india para luego. Pasa un autobús cargado de gente que va al trabajo (o vuelve). Los que no van dormidos, se pegan a los cristales y abren desmesuradamente su bocas en señal de asombro. Nosotros tenemos algunas peculiaridades. Entre ellas, está la de poder distinguir de un simple vistazo los “méritos” y “bondades” de las personas. Las taras, vicios y defectos varios, no podemos apreciarlos así a la primera. Necesitamos más tiempo. Diez minutos, once, quizá. Pero por descarte o intuición, nos hacemos una idea global. Y en ese autobús, la balanza se decantaba por méritos, bondades y buenas intenciones, más que por vicios, desviaciones y defectos. No es lo normal. Pero no estamos aquí para valorar estos asuntos. ¡Lo que nos faltaba!

Cruzamos por fin a la otra acera. Allí hace fresco y empieza a oscurecer. Alguien está manejando unas poleas gigantescas para cambiar el “escenario”. Nosotros tendemos a desaparecer. Casi no estamos ya, pero alcanzamos a vislumbrar algo del nuevo escenario:

Nieva copiosamente. Manto de nieve, vamos. Apenas se distingue el nuevo paisaje. Un relinche largo y tristísimo de un burro solitario atraviesa el manto de nieve y luego todo queda en silencio...


No estamos seguros I (La estrella)

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No estamos seguros.
(I)
La estrella

No estamos seguros de nada. En principio, estamos sentados en este sofá, pero, ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿y quiénes son estos prendas que nos rodean?

¿Y “nosotros”? ¿Quiénes somos nosotros? ¿Qué pinta tenemos? ¿Qué pretendemos? ¿Por qué en plural? Creo que somos tres... o más, incluso. Pero es solo una suposición sin fundamento.

El sofá no es que sea muy cómodo, pero al menos estamos sentados; hundidos entre sus muelles, pero sentados. Aprovechemos la oportunidad. Algo es algo. Hay demasiado ruido en este habitáculo inhóspito. ¿Inhóspito? ¿Por qué?. Bueno, no es que parezca un lugar “decadente”, eso sería ya algo, aquí nunca ha habido armonía, todo parece desvaído, triste, frío, descolorido, sin contornos definidos y ni rastro de las mínimas comodidades y...¿qué pasa con estos que nos rodean? ¿Qué pretenden? ¿Por qué están aquí, rodeándonos por todas partes, tan... no sé...tan insoportablemente presentes?

La luz es tenue, menos mal. Pero huele a tierra mojada después de un incendio recién sofocado. Es desagradable. Nosotros estamos en silencio. Observándolo todo, a ver si hay algún resquicio por donde evadirnos del tinglado. “Nosotros” hemos llegado a formar un buen equipo, y eso casi sin hablar, sin consignas, con cuatro miraditas y un par de guiños. Somos fantásticos. Bueno, no tanto. Pero comparándonos con “ellos”...

Me estoy cansando de tanto pensar. Hay que dejar de pensar. Habrá que preocuparse por buscar algo de comida. Parece que dejan de observarnos. Son como zombis. En cualquier momento puede ocurrir cualquier cosa... no sé... presiento algo bastante desagradable para nosotros.

¿Y si intentamos levantarnos, caminar despacio y largarnos de aquí? ¿Hacer como que eso es posible? Puede que exista esa posibilidad y nosotros estemos aquí haciendo el gilipollas. Solo faltaría eso. Aunque me da a mi que no. No sé si los demás (el resto de “nosotros”) pensará lo mismo que yo. Creo que han dejado de pensar desde hace un buen rato. Es mejor así. Ya pasará algo, o aparecerá alguna señal que nos indique cual es el siguiente paso. ¿Hay siguiente paso?

Empieza a hacer calor. ¡Mirad, por la ventana se ve una estrella! Es demasiado luminosa ¿estará ya muerta?


Bab El Ain Single. El Tren de las Ilusiones. Tienes que recordarme que te recuerde.

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Volvemos de nuevo como Bab El Ain. Bueno, nunca nos hemos ido del todo.


Cara 1.- El Tren de las Ilusiones.- (Letra y música.- Babelain)


Buscando un sonido a tren y con un guiño al exceso consumista, a pesar de la crisis.




El Tren de las Ilusiones
(Letra y música.- Babelain)

Aquí viene el tren de las ilusiones
trae de todo para regalar

Corre a la estación con tus pasiones
y coge lo que puedas atrapar

No lo dejes escapar
uh uh

La estación está hasta los topes
la gente no para de pelear

Todos quieren algo sin dar nada a cambio
todos se han dejado ilusionar

No lo dejes escapar
uh uh


Quiero un Ferrari
una amante rusa
y un jamón.

Quiero un barco de vela
con la nevera llena
y tripulación.


Se ha marchado el tren de las ilusiones
Es posible que no vuelva a pasar

La avaricia rompe siempre el saco
deja algo para los demás

Lo has dejado escapar
uh uh


Quiero una cuenta en Suiza
bodega en California
y un jamón

Ya no queda nada
se lo han llevado todo
que sofocón




Cara 2.- Tienes que recordarme que te recuerde (Letra y música.- Babelain)



Con un poco más de enjundia que la anterior. La historia de un desamor en cuatro versos. Aunque se suaviza al final.




Tienes que recordarme...
(Letra y música.- Babelain)

Cuando te vea de nuevo
y finja no recordarte
no te olvides recordarme
que ya no quiero ni verte

Yo me mostraré impasible
acercándome al absurdo
de no haberte visto antes
aunque parezca increíble

Tengo que recordarte que me recuerdes
que no todo el monte era “orgasmo”

Tienes que recordarme que te recuerde
que “lo nuestro” era solo un sarcasmo

Cuando me veas de nuevo
y finjas no haberme visto
sigue por tu camino
seguro que no es el mío

Yo me mostraré elegante
mirando hacia otro lado
como si no hubieras sido
mi más tenaz contrincante

Tengo que recordarte que me recuerdes
que no todo el monte era infierno

Tienes que recordarme que te recuerde
que “lo nuestro” casi era eterno.




Link Single y portadas



http://www.mediafire.com/download/4lilg491e2u3o9s/Bab_El_Ain_Single._Tienes_que_recordarme_que_te_recuerde._El_Tren_de_las_Ilusiones.rar



Estoy hasta el gorro.

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Estoy hasta el gorro


Estoy hasta el gorro de esta travesía.

-¿Quedará mucho para el final?
-No sé -contesta mi sombra-
-A ti no te preguntaba, imbécil; pensaba en voz alta.

En fin, con este calor insoportable no se me ocurre nada para pasar el mal trago con dignidad. Debo estar cerca ya, pero no huele como yo imaginaba que olería cuando el final estuviera cerca. Puede que sea por la humedad, hace un calor húmedo, del peor. La ropa pegada al cuerpo, y estoy tan cansado que he optado por reptar por el suelo, como una serpiente. Las piernas no dan más de sí. La ropa es un amasijo de sudor y polvo. No distingo nada más allá de unos metros. Por no ver, no veo ni espejismos. Debería llover. No estaría nada mal que lloviera a cántaros. Este silencio tan blanco me gusta. Es lo único que me ayuda en esta travesía hacia...qué se yo. Pero hay que seguir. No hay más remedio. Aunque si lloviera...
Suena cómo si una serpiente de cascabel anduviera cerca. Nunca antes había oído ese sonido, aunque estoy seguro de que es una de esas... lo que faltaba, joder. Y ahora voy y me pongo a temblar de miedo. No puedo controlar el temblor. El sonido de la cola de la serpiente es más nítido. Me quedo inmóvil. Absolutamente inmóvil.

He debido de dormirme entre el miedo y el cansancio. Me despiertan unas gotas de lluvia sobre mi espalda. Poco a poco llueve con más fuerza. Coño, esto va en serio. Logro ponerme en pié con dificultad. Aprovecharé esta ducha inesperada. Me quito la ropa. Dejo que el agua arrastre todo el sudor y el polvo de mi cuerpo. Pienso en la serpiente, pero no la veo ni la oigo. La lluvia ha debido de desanimarla y se habrá ido a su refugio. Cuando deje de llover, estrujaré mi ropa y la pondré a secar, si es que sale el sol antes de que llegue la noche. De noche hace frío aquí. Un frío de cojones.

He comido unos escarabajos y un par de saltamontes. No he encontrado bayas ni hierbas ni hostias. Además, podrían ser venenosas. Un gin tonic, joder, lo bien que me sentaría un gin tonic con mucha ginebra, poca tónica y mucho hielo. Me empieza a funcionar la imaginación de nuevo. No sé que será peor. Ya escampa. Se han formado grandes charcos y he podido beber a discreción. Ahora tengo que buscar un lugar donde poder echarme a dormir, resguardado del frío. Pienso en voz alta todo el rato. Que hablo solo, vamos; creo que para no volverme loco del todo, porque algo pirado si que estoy ya.

Parece que se oye un motor. ¿De un generador? ¿Un helicóptero? ¿Un camión?... El silencio se ha convertido en un ronroneo esperanzador. Oye, pues allá... a lo lejos... parecen chozas entre unos arbustos. ¿Será posible? Aunque el ronroneo se apaga, vuelve el silencio blanco. Solo se oye el sssssssss de mi cuerpo reptando por el suelo. Debe ser “otro” espejismo. Sí, lo confieso, hace unos días, no sabría precisar cuantos, el calor, el cansancio y el paisaje me engañaron de mala manera también. No es esta la primera vez. Mierda de espejismos. Creía que esta vez...

-¿Faltará mucho todavía? -Me pregunto a gritos, por pasar el tiempo, más que nada
-¿No estaremos andando en círculo como unos gilipollas? -contesta mi sombra-- -
-Gilipollas lo serás tú, ¿quien te ha dado vela en este entierro? -¿Pues no se mete siempre donde no la llaman, la subnormal de mierda? Si pudiera, me la arrancaba, no te jode-

Ese pájaro que sobrevuela allá en lo alto parece un buitre. Será cabrón. Pues lo tiene claro si piensa que soy su próxima cena. Pero no, era una nubecilla con forma de pajarraco. Así, de pronto, a lo tonto y sin avisar, me viene a la memoria la melodía de Waterloo Sunset, pero no la voy a cantar, no, tengo la garganta reseca... bueno, al final no me puedo resistir y me pongo a cantar a voz en grito y desafinando como un cosaco en medio del sepulcral silencio:


Dirty old river, must you keep rolling
Flowing into the night
People so busy, makes me feel dizzy
Taxi light shines so bright
But I don't need no friends
As long as I gaze on Waterloo sunset
I am in paradise ...

The Third Mind - Here I Am

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The Third Mind

Grupo de música experimental de la década de los 70 con sede en Cinccinati (Ohio).
Toman el nombre de un libro de William Burroughs y Brion Gysin, de relatos cortos escritos con la técnica del cut up que incluye entrevista con W. B.

La nacionalidad de sus componentes es muy variada:

Marcus: (Austro-Húngaro).- Instrumentos de cuerda. Manipulación de magnetofón de carrete abierto. Composición.
Víctor.- (Croata).- Percusiones. Voces. Teclados. Grabaciones de campo.
Mick A.- (Norteamericano, de padre gallego y madre chilena).- Bajo. Voces. Diseñador de portadas.
Pierre B.- Vasco-Francés. Teclados. Percusión. Instrumentos de viento. Filósofo oficial.

Su música es inclasificable, aunque la metan en el cajón de “Experimental Lo Fi”, ya que así, los críticos no se calientan la cabeza y en ese saco cabe de todo.

Marcus es seguidor de La Monte Young, Giacinto Maria Scelsi y de algunos músicos callejeros negros de blues.
Víctor se pirra por la música balcánica, Ornette Coleman y, aunque parezca extraño, la música gnawa.
Mick A es fan acérrimo de The Monkees (que si, que si) de The Incredible String Band y de Ron Carter.
Pierre B.- Adora a John Cage, Eric Satie, The Rolling Stones, Fluxus y Gong.

Eran bastante raritos.


El tema que presentamos lleva por título:

“Here I Am” y subtitulada “The Emptiness is very full…still” (Algo así como: El Vacío está muy lleno…aún). Composición firmada por Marcus.

En este tema se mezclan pistas diversas: En una, Paul Bowles recita su poema Here I Am; por otra pista va sonando en distintos momentos el sonido ambiente de la Plaza Jemaa El Fna que recogió el propio Bowles en Marraquesh. Eso se mezcla con varias pistas de la grabación experimental que el grupo realizó, estando de vacaciones, a mediados de los 70 en una casa comunal en un pueblecito de la Costa del Sol. Como curiosidad, en esos días, coincidieron en esa casa con dos canadienses que allí mismo crearon un juego, que luego, con el tiempo, se convertiría en el famoso Trivial Pursit.

Para la grabación se utilizó un magnetofón de carrete abierto Philips Multiplay. Las pistas no eran independientes, se iban acumulando y mientras más pistas, peor calidad de sonido. Pero era lo que había disponible en ese momento.
Se utilizaron flautas diversas, guitarras acústicas percutidas, bajo tocado con arco, címbalos y percusiones variadas invirtiendo algunas pistas, cambiando la velocidad en otras y utilizando un eco bastante primitivo que venía incorporado en el mismo magnetofón.

Esta es una grabación de las llamadas “de culto” (la conocen menos de 50 personas y algunos animales privilegiados)



Y para terminar, comentar que “Here I Am” corresponde a la cara B de un Mini L.P. editado por un sello local de Cincinatti en 1976 (Shiva Recods). La cara A no está disponible, al parecer, alguien la utilizó de cenicero y apagó un puro (o algo parecido) en sus surcos. Su título era: “Never, never, never ... perhaps” (Jamás, jamás, jamás…quizás)
No se ha podido encontrar otro ejemplar original hasta la fecha, para poder recuperar la cara A, aunque no se pierde la esperanza.


HERE I AM (Paul Bowles)

When I am here I shall not mind
I shall merely murmur:
If no one comes and sees me here it will be all right

Here it is hard to believe that anything is free
Come let us lapse into freedom
Let all these things become less than dust
Let me not think at all ever
Let these things come close together
Let everything be slow and soft
Let the wind blow over the roof at noon
Let everything be soft here because there is no dust
Let anything except what is coming come
That is the way I always have felt

Link.



Marcus en un chiringuito de la costa a principios de los años 70

Sé cosas de esta gente

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Sé cosas de esta gente

Sé cosas de esta gente que me rodea. De los que están “dentro”. Creo que sé muchas cosas; más de lo que ellos imaginan. Bien, pero, ¿saben ellos mucho de mí? No creo. Aunque ellos creen que me conocen bien, ¡Já! No saben de la misa la mitad. ¿O si? No, creo que no. Muchas sombras en mi entorno. Mucha niebla a mi alrededor. Lo hago a posta, ¿eh? Juego al despiste ¿Qué tienen ellos que saber de mí? Yo, a mi bola. No muestro todas las cartas. Es decir, apenas muestro cartas. Que especulen lo que quieran. Pero, yo si que sé muchas cosas de ellos. Sé que se creen que saben mucho de mi y de los demás que están ahí “fuera”. ¡Qué ilusos! Sé que están perdidos, flotando en su espacio viscoso. Aunque ellos se creen los reyes del mambo. Son asépticos, neutros, no huelen ni saben a nada. Algunos son muy pálidos, otros, negros y brillantes. Y tratan de juzgarme, a mí y a los otros que se han quedado fuera. Solo yo me he atrevido a entrar. Estoy preparado. Puedo estar dentro y fuera, a mi antojo. ¿Qué no?


Dentro, escucho y observo. Lo observo todo, sin esfuerzo, naturalmente. La boca cerrada, así no entran moscas. No se me escapa casi nada de lo que me rodea. Pero como disimulando, como si no me enterara de nada y ¡zás! me quedo con la copla. ¿Para qué? No estoy seguro del todo, es como un defecto que viene de fábrica, o una virtud, diría yo, más bien. La información se absorbe y luego creo que me sirve como instrumento de defensa en el cuerpo a cuerpo. ¿Es la guerra? Si, es la guerra contra esta gente sin rostro definido, sin alma. Especuladores implacables. Pobres imbéciles de sensibilidad capada y con la estupidez a flor de piel.

También sé escurrirme muy bien hacia fuera cuando me harto de estar dentro. Me escurro por cualquier rendija. Es decir, me despido a la francesa, sin que nadie se entere de mi partida. Se quedan con un palmo de narices cuando, al pasar un tiempo, se dan cuenta de que les he dado el esquinazo. ¡Que se jodan! Solo quieren chuparme la sangre (es un decir) Y ahí se quedan, con lo listos que se creían. Listos y listas, ¿eh? Que hay de todo. Las hembras son más peligrosas, más difíciles de darles el esquinazo. Son más astutas. Pero ya he aprendido a apañármelas bien con ellas. Con esa piel tan tersa, pálida o morena, da igual. Con esos labios tentadores y escurridizos, y esa gracia etérea en sus movimientos, en contra o a favor del viento. Al sol o a la sombra. Con frío o calor, da igual. Siempre tan lozanas. ¡Peligrosísimas! Pero… ya las he calado. ¡A mí no me la dan! Ya he tenido bastante. Ellos son más previsibles, si te fijas bien. Son otra cosa. Más burdos, más inútiles al fin y al cabo, con toda esa pompa y boato que gastan. ¡Bastardos!



Entro y salgo de allí con una facilidad pasmosa. Una vez dentro, tratan de cercarme con sus argucias. Aunque tardan en darse cuenta de que estoy allí jajajajaja. ¡Qué torpes! Luego, cuando me canso de torearles (es bastante cansino el asunto) me escurro y allí se quedan con dos palmos de narices, sin nadie a quien exprimir, aburridos mortalmente porque ya no se aguantan los unos a los otros, o a las otras, y viceversa.

Creo que debería dejar por escrito mis experiencias, para que sirvan de ayuda a los más despistados y débiles de espíritu. Bueno, no sé, supongo que es mejor que espabilen por si solos. ¡Tampoco es que yo tenga la solución para todo, eh! No soy Supermán. ¡Que nadie se haga una idea equivocada del asunto! A lo mejor me he pasado de optimista retratándome tan lozano y agudo. Tiendo al triunfalismo, pero al final me estampo contra la realidad. Seguramente esta vez también. Pero ellos aún tienen la sartén por el mango. Y va para largo. Así que… espabilando.
  

Jordi and The Potatoesfaces. I don't want potatoes, baby. Dr. Robert

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Jordi and The Potatoesfaces.

Grupo formado en 1975 en Cornellá de Llobregat, concretamente en el barrio de Sant Ildefons, unos meses antes del nacimiento de La Banda Trapera del Río, quedando eclipsados ¿injustamente? por ellos, cuando los Traperos despegaron con su incipiente punk rock de andar por casa. Por esa razón, al verse desplazados momentáneamente por el empuje de la banda de “El Morfi”, se desmoralizaron, algunos se dieron a la bebida (aún más que antes) a otros les dio por la magia negra y el vudú; abandonando la música después de grabar un primer single de prueba y de varias actuaciones, ya míticas, por los alrededores. El single llegó a prensarse, incluso existe una portada que hemos podido encontrar, pero el sello catalán prefirió no sacarlo a la venta por temor a un estrepitoso fracaso comercial que mermara su dignidad (la pela es la pela) y se decantaron por los Traperos. Les gustaba hacer versiones de temas de los 60. Destacaban las versión en directo del Wild Thing de The Troggs y del Dr. Robert de The Beatles (incluida en el single)

Miembros:
Pau Planas (El Cantamañanas).- Bajo y voz
Antonio Hita (Señor-Hita).- Guitarra y voz
Paco Carbonell (El Coronel).- Batería
Fernando Elorza (El Cogorza).- Guitarra solista y armónica

Solo Pau nació en Cataluña, los demás miembros provenían de distintas provincias del territorio español.
Su música se basaba en el rock más primitivo, con unas gotas de pop sesentero y sus letras pretendían ser rebeldes, aunque no siempre lo conseguían, incluso se dejaba ver un cierto tinte machista típico de algunos barrios en aquella época.

1.- I don't want potatoes, baby


Os pongo la traducción (maomeno) de la interesante letra

No quiero papas, nena

No quiero papa, nena, pa cenar
No quiero papas nena
Yo quiero algo distinto
Que no me haga vomitar

No quiero papas nena pa cenar
No quiero papas nena
Que ya las he aborrecido
No quiero papas nunca más

Invéntate algo más original
Y si es exótico mejor
Si como papas voy a vomitar
Invéntate algo con sabor

No quiero papas nena, pa cenar
No quiero papas nena
Si sigues por este camino
Me puedes envenenar

No quiero papas, nena, pa cenar
No quiero papas, nena
Si quieres cómetelas tú
Si te parecen un manjar

Y para la cara B, un clásico de The Beatles

2.- Dr. Robert. (Lennon-McCartney)


Link Single con portada.-